Los padres que asisten a la fundación comparten una misma realidad; son padres de un niño especial. Muchos padres han expresado sentirse aislados ya que están rodeados de familias que no viven dicha realidad. Ese sentido de aislamiento se va disipando cuando los padres llegan a la fundación. Una vez los ninos pasan a las actividades, los padres pueden compartir libremente y hablar de sus realidades y necesidades con otros padres.

“Los ayudamos a comprender lo que significa tener un niño con discapacidad y por que Dios los trajo a nosotros” apunta Ricardo Montaner, destacando la dificultad en todos los niveles que viven estas familias al criar un niño especial. “Al final, ellos se marchan creyendo en Dios y agradeciéndole por sus hijos”.

Los padres disfrutan de la oportunidad de compartir sanamente a través de juegos y otras actividades recreativas. En otras ocasiones traemos invitados que ofrecen talleres educativos donde los padres pueden aprender sobre diferentes temas relacionados con el cuidado de sus hijos.

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