Es allí que todas las naciones, todas estas familias, en Asamblea, negocian y se ponen de acuerdo en muchos temas. Las decisiones más solemnes son las que establecen acuerdos sobre lo que debe ser el piso para cada ser humano. El mínimo. Es el mínimo, el piso de la casa de este globo nuestro, al que se aspira que cada ser humano tiene derecho a tener, para que tengamos un mundo que tenga posibilidades de avanzar en paz, seguridad, en la protección de derechos humanos, en lograr desarrollo humano y sostenible.
¿Cuáles son esos mínimos? Ejemplos incluyen el derecho a la vida, a identidad, a salud, educación, recreación, empleo digno, derecho a libertad religiosa, en resumidas cuentas, a una vida digna de ser llamada vida.
A cada uno de estos acuerdos se los llama Convención. El conjunto de estas convenciones, es lo que crea el acuerdo de los Estados de lo que debería ser el piso de esta, nuestra casa global, y se los llama instrumentos de derechos humanos. Lo que cada uno de nosotros debe poder exigir para esa vida digna. ¿Exigir de quién? De “su familia”, o sea de su Nación, de su Estado. Son estos derechos que nos hacen humanos. Si no, somos como animalitos en la selva, donde la ley del más fuerte es la que prevalece.
Una vez que todas estas “familias” se han puesto de acuerdo sobre el texto de una Convención, tienen que llevarla a su casa, y estudiarla. El Gobierno puede firmarla y decir que están de acuerdo con la nueva Convención, pero no es suficiente. Un Gobierno es pasajero. Una Convención tiene que durar mucho más que un Gobierno. Por eso, lo que el Gobierno firma, tiene que ser ratificado por el Congreso, el Parlamento, la Asamblea Legislativa, o el nombre que tenga el foro de cada país que establece leyes.
Una vez que esa decisión se toma por el Parlamento del país, se considera que esa decisión se convierte en una decisión de Estado, o sea no sólo de un Gobierno. El Acta de la decisión del Parlamento, debe ser depositada en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, y en el día en que se entrega ese Acta de la decisión, se considera que un país se ha adherido a esa Convención. En ese momento se considera que esta “familia”, el Estado, ha asumido el compromiso de trabajar por, y cumplir con los compromisos que están enunciados en esa Convención.